El lema que acompañó a la primera edición de Fira Alimentaria 1976 fue “Todo para el industrial. Todo para el comerciante.” Mario Cañizal, uno de sus principales impulsores, tenía claro que era necesario crear una narrativa capaz de conectar la cadena de valor, vertebrando un sector que no podía construirse en solitario.
Big Bang sistémico de la alimentación en España
En palabras de Mario, las primeras ediciones de Alimentaria podían interpretarse como un auténtico Big Bang del sistema alimentario español. Por primera vez confluyeron de forma organizada la industria transformadora, la distribución profesional y un foodservice incipiente, creando un núcleo capaz de interactuar de manera estructurada y generar una cadena de valor basada en producto, volumen, logística y especificaciones técnicas.
A su alrededor surgieron progresivamente subsistemas complementarios —ingeniería, servicios tecnológicos, logística, hotelería, comunicación y formación profesional— que consolidaron la estabilidad, escalabilidad y profesionalización del conjunto.
Incluso la ciudad anfitriona, Barcelona, pasó de ser un mero contenedor físico a convertirse en un subsistema reactivo: la falta inicial de infraestructuras y capacidad hotelera obligó al entorno urbano a adaptarse y expandirse. Con el tiempo, Barcelona desempeñaría un papel estructural en la proyección internacional del ecosistema alimentario generado por la feria.
Origen y objetivo de Alimentaria: transformar y vertebrar el sector
Alimentaria Barcelona nació en 1976 con un objetivo estratégico claro: vertebrar, modernizar y profesionalizar el sector alimentario español, creando un espacio donde todos los eslabones de la cadena pudieran reconocerse como parte de un mismo sistema económico.
En los años 60 y 70, la industria alimentaria catalana y española experimentaba crecimiento, pero arrastraba importantes limitaciones estructurales:
- Dependencia de importaciones, especialmente de maquinaria.
- Falta de mano de obra cualificada.
- Circuitos de comercialización largos e ineficientes.
- Un marco regulador obsoleto.
Ante este contexto, se impulsó la creación de un salón monográfico profesional, distinto de las ferias generalistas existentes. El objetivo no era solo exponer productos, sino ordenar el sector, generar sinergias y acelerar su competitividad.
Autorizado oficialmente en 1975 y celebrado por primera vez en marzo de 1976, el Salón de la Alimentación marcó un antes y un después.
Una feria diseñada desde la demanda real
La primera edición se construyó desde las necesidades reales del mercado, integrando industria y distribución en una visión integral del sistema alimentario.
Los resultados superaron todas las previsiones:
- 1.527 empresas expositoras
- 344.364 visitantes
- Participación masiva de profesionales de toda España
- Consolidación definitiva en 1978
Sin redes sociales ni herramientas digitales, la promoción se apoyó en estrategias innovadoras como la “vuelta a España” para captar visitantes profesionales y la creación de packs de viaje que facilitaran la asistencia.
Un modelo de gobernanza colaborativa
El comité organizador integró representantes de fabricantes, distribución, entidades públicas y cámaras de comercio, configurando una estructura plural que permitió organizar el certamen en apenas seis meses.
Este modelo colaborativo fue clave para convertir Alimentaria en:
- Plataforma de encuentro sectorial
- Motor de innovación alimentaria
- Impulsor de internacionalización
- Referente profesional del sector de alimentación y bebidas
El verdadero legado de Alimentaria
Lo más valioso de Alimentaria no fue únicamente su éxito inicial, sino su capacidad de convertirse en un ecosistema autosostenido en el tiempo.
Durante casi cinco décadas, la feria ha reflejado la transformación integral del sector alimentario español: desde la industrialización de los años 70 hasta su consolidación como evento profesional de relevancia internacional.
El verdadero legado es este:
cuando una idea trasciende a quienes la impulsaron y se convierte en patrimonio colectivo del sector.
Alimentaria demuestra que sí, es posible pasar de la idea al legado.








